Retomar las riendas de una existencia tranquila y normal, tras el maltrato es un poco complejo, pero posible. Las mujeres que lo logran suelen ser supervivientes que experimentan el sabor y la alegría de la dignidad y la libertad. Denunciar siempre es el primer paso, el resto casi siempre es ayuda y mucho coraje. Se habla de cifras escandalosas que dicen que más de 3 mil millones de mujeres lo han sufrido en su vida y de que más de un millón y medio han logrado salir de esta trágica situación, de la que no todas logran salir.

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Tomar la compleja decisión de reaccionar a la violencia y denunciar constituye el detonante fundamental para optar a una nueva vida exenta de golpes, amenazas y miedo. Y se ha superado eso de que “los trapos sucios se lavan en casa”. La sociedad ya no culpa a la víctima de su propia situación, como se asumía hace unos años. Estos cambios en la conciencia colectiva han respaldado que las víctimas de maltrato denuncien cada vez más. Algunas estadísticas aseguran que aún un 72,6 % no se decide a dar este paso.

Existen unas señales inequívocas para detectar si se da un caso de violencia de género. Suelen aparecer desde el principio de una relación y aumentan en intensidad con el tiempo:

  • Control voraz y exagerado: El maltratador controla excesivamente a su víctima: Como se viste, Donde va, Que compañía tiene y lo que hace en cada momento. Comienza anulando su individualidad. Son indicadores infalibles de abuso psicológico.
  • Aislamiento: El verdugo aísla a la victima de todo su entorno, incluyendo la familia y los amigos cercanos. Siempre tratando de que no haga “vida” más allá de él y su control.
  • No acepta el “NO”: El abuso siempre va haciéndose poco a poco más agresivo, más violento y más físico. El maltratador no acepta el “no” en ningún caso y comienza una cadena de desprecio, ira, la coacción y los insultos. En casos extremos llega a los golpes y a la violencia y el castigo desmedido.

La violencia de género es una experiencia al límite. Cada caso es un mundo y una oportunidad de empezar una nueva vida. Estas mujeres han perdido el respeto y el amor por sí mismas. Es fundamental escucharlas dentro de su sufrimiento, apoyarlas en su tristeza y hacerlas entender que su verdugo, “el otro”, no es su espejo, sino que son ellas mismas quienes pueden tomar las riendas de su propia vida.



Autor del articulo original es sexlecciones

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