La adrenalina es una sustancia que genera el cuerpo humano para ponerse en estado de máxima alerta, cuando advierte algún peligro o amenaza externa. Por lo que el cuerpo se concentra en ese riesgo, todos los sentidos están pendientes para decidir: si defenderse o huir de la amenaza. La reacción inmediata es el miedo. También es uno de los principios responsables del cruce entre el dolor y el placer.

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Aunque parezca muy poco excitante una referencia química, lo cierto es que cuando se disparan los estímulos que genera la segregación de la adrenalina en el cuerpo, las dos sensaciones se confunden. Realmente, el organismo no dilucida si se trata de un juego o de un peligro real, pero reacciona de la misma manera: excitándose.

En un juego sexual en el que se incluyan mordiscos, “nalgadas” o pellizcos que impliquen un leve dolor, el cuerpo entiende que debe estar muy alerta porque esos estímulos así se lo piden y entonces se genera ese estado de fuerte emoción y tensión. La mente, encargada de discernir entre lo perjudicial y lo agradable, convierte esa reacción temerosa y levemente dolorosa en una sensación satisfactoria y placentera, muy relacionada con las sensaciones que provoca el sexo.

En el más antiguo de todos los libros de técnicas amatorias, sexuales y eróticas: El Kamasutra, existe un desarrollo muy amplio de los llamados “golpes del amor “que incluyen arañazos, mordiscos y palmadas. En cada caso, los clásicos de las distintas formas si se realizan con la mano abierta o cerrada, con la palma o el dorso y según los sitios en los que se golpea. Y también si los golpes los da el hombre a la mujer (Karatadana) o si es a la inversa, la mujer al hombre (Sitkreutoddesha).

Con la misma meticulosidad se describen los mordiscos, donde tiene particular importancia la intensidad y el tiempo que se aplica al mismo y la parte del cuerpo elegida para darlo. Más allá de las partes erógenas clásicas se destaca la parte interna del labio inferior como un punto altamente sensible para recibir esos mordiscos.

Los arañazos son considerados como caricias capaces de despertar fuertes pasiones y se prodigan de múltiples y diferentes maneras: desde los arañazos tradicionales, arrastrando con una presión moderada las uñas sobre la piel del amante, hasta jugar a clavarlas en un lugar determinado: los pechos, el interior de los muslos, las nalgas…también se sugieren arañazos estilo “pinceladas”, como quien pinta, arrastrando las uñas y cambiando la orientación varias veces para provocar estímulos cambiantes.



Autor del articulo original es sexlecciones

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